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TAMAULIPAS  

Vivir en el encierro

José Manuel Meza / Reynosa, Tamaulipas
Las nuevas viviendas del Infonavit en Reynosa: son cada vez más diminutas, caras y defectuosas y, a decir de sus ocupantes, en nada fomentan su estabilidad emocional ni social. Además, con el millón de pesos que muchas de ellas cuestan a 30 años, en McAllen paradójicamente alcanza para comprarse una digna y bonita propiedad.

 

 


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En las mañanas de doña Rosario no existen lujos ni contemplaciones: se despierta acorralada entre las paredes de su cuarto de 2.40 por 2.70 metros, abandona la cama y camina de lado hasta la puerta para intentar burlar el encierro en el que vive desde que el Infonavit le asignó su minúscula casa en el fraccionamiento Hacienda Las Flores.
Ya en la sala -que al mismo tiempo es comedor y cocina-, medita y lamenta los 30 años que, a no ser que cambie su suerte, forzosamente deberá pagarle al gobierno para librarse de su deuda, la cual asciende a casi 750 mil pesos.
Contradictoriamente con esa misma cantidad Rosario bien podría comprarse una vivienda en uno de los exclusivos desarrollos habitacionales de Casa Linda Homes, en la vecina ciudad de McAllen.
Cada día los mismos pensamientos se agolpan en su cabeza, pero por desgracia esta mujer de brillantes ojos no tiene otra opción para alojarse en la compañía de sus hijas y cónyuge.
Es el legado del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, que cada vez castiga más los bolsillos del proletariado.
A unos meses de haber tomado posesión, Rosario asegura ya no soportar su nuevo estilo de vida, pero más le deprime que sus hijas (de ocho y 11 años) no tengan independencia ni esparcimiento.
Cuenta: “Aquí no cabe nada, pásele si quiere. Todo está muy chiquito, las recámaras, el baño, todo.
“Afuera tengo dos tambores llenos de cosas que adentro no pude poner. De hecho me deshice de una cama y como ve el pasillo está repleto, debe uno de andar de ladito”, fustigó la madre de familia.
Y es que sólo 13 pasos separan el frente de la construcción con la parte posterior, mientras que cuatro pasos bastan para tocar sus extremos.
Por lo mismo, en la casa de Rosario absolutamente todos sus muebles le quedan grandes: uno de los sillones casi une las paredes de la sala, la estufa rebasa el espacio que delimita a la cocina, el comedor está pegado al refrigerador y su puerta se abre siempre y cuando alguien no esté sentado junto a la mesa.
En la recámara sólo cabe la cama matrimonial y un pequeño ropero; el piso no tiene azulejos y por si fuera poco, la cochera también está muy reducida.
“Es un verdadero sacrificio habitar en este cuchitril”, agregó categóricamente la sufrida mujer.
No obstante, cuando hace más de una década emigró a la frontera en busca de progreso, Rosario jamás imaginó que esto le ocurriría, peor incluso, que en su natal Poza Rica, Veracruz.
“Allá por lo menos duerme uno tranquilo; sí es cierto que el trabajo falla, mas nunca he visto que el Infonavit construya casas extremadamente pequeñas como acá.
“Ya ni lo que uno paga, mi esposo la sacó a 30 años y le descuentan 500 pesos a la semana. Pero ¿qué hace uno?, se resigna, ¿ya qué?, tantos años de estar rentando…”, manifestó contrariada.
Para Rosario, otro de los problemas de su vivienda es la dudosa calidad con la que fue construida. El enjarre ya presenta fisuras porque insiste “no le meten los materiales que deberían meterle”.
“Cuando nos cambiamos los muebles tallaron las paredes: mire como se le cayeron los pedazos, están todas raspadas y cacarizas, ¡hay Dios que porquería!”, exclamó.

Una realidad llena de contrastes

En la texana ciudad de McAllen, adquirir una decorosa vivienda no es tan caro ni complicado como en Reynosa.
El reportero de Hora Cero solicitó informes en inmobiliarias de ambos lados de la frontera para comparar la clase de construcciones que pueden conseguirse con un millón de pesos (unos 90 mil dólares), que es lo que cuesta aproximadamente endosarse uno de los créditos del Infonavit, los resultados fueron abismales.
Por ejemplo, en el fraccionamiento Hacienda Las Flores, localizado en dirección a Ciudad Victoria, se exhiben diminutas casas -de uno, dos y tres cuartos-, con un valor de contado entre los 288 mil hasta los 689 mil pesos en un terreno de 90 metros cuadrados.
Financiadas, éstas pueden encarecerse a 468 mil y un millón ocho mil pesos (en alrededor de 36 mil y 90 mil dólares) pagaderos a mil 556 semanas, los cuales se reflejan en una deducción nominal con intervalo de 300 a 700 pesos (de unos 27 a 63 dólares).
De acuerdo a ejecutivos de venta de construcciones Aryve S.A. de C.V. a éstas hay que sumarle cinco mil pesos (unos 450 dólares) por concepto de gastos operativos correspondientes a la gestación de trámites de titulación. Extrañamente el Infonavit también los incluye en el monto hipotecario como lo indica su portal electrónico.
En contraste, en Casa Linda Homes, un exclusivo desarrollo habitacional ubicado sobre la calle Bentsen Rodhe al norte de McAllen, las viviendas con tres recámaras se ofertan de contado desde los 74 mil 900 dólares a los 89 mil 900 (entre 823 mil y 988 mil pesos).
Si se toma en cuenta que la casa más sencilla cuenta con garaje, cocina (en acabados de madera), comedor, cuarto de herramientas, de lavado; tres recámaras (con armario), dos baños completos y un amplio patio para el esparcimiento familiar, su costo final resulta ridículo al que un derechohabiente del Infonavit desembolsa en el lado mexicano. Los precios son muy similares, pero las construcciones distan colosalmente unas de otras en calidad, dimensiones y proyección de vida.
Además en las viviendas que venden constructoras estadounidenses como Casa Linda Homes, USA Homes y Centex, entre otras, no existe esa sensación de hacinamiento que caracteriza a las cimentadas por las desarrolladoras que operan en Reynosa como: Construcciones Aryve, Casas Geo, Rhonos, Urvitec, Hogarey, Alttahomes y Provipo, por citar algunas.
Asimismo, las casas de McAllen cuentan con un terreno nada despreciable de 500 metros cuadrados, frente a los 60 y 90 que ofrecen las casas del Infonavit más diminutas de Reynosa (con 43.5 metros de construcción).
En virtud de ello se suma que ninguna ley prohíbe que un ciudadano extranjero (en este caso mexicano) posea inmuebles en ese país, por lo tanto, los requisitos básicos son: credencial de elector, visa láser, comprobantes de ingresos y los estados de cuenta bancaria de los últimos 12 meses.
Con un enganche del 15 y 10 por ciento sobre el valor de la propiedad al cliente finalmente se le entregan las llaves de su nuevo domicilio.
En Reynosa si éste no ha liquidado los cinco mil pesos de trámites y tampoco reúne su acta de nacimiento original, número de Seguro Social y la credencial de elector no recibe la casa.

Círculo vicioso

Aunque mucho se han denunciado las deprimentes condiciones en las que coexisten millones de mexicanos quienes poseen casa de interés social, inútiles son los esfuerzos para combatirlas porque el sistema gubernamental se encarga de trivializarlos.
Fuentes consultadas quienes llevan sobre sus hombros la pesada carga de quedarse cada semana a la deriva económicamente hablando -al sufragar las onerosas letras de sus viviendas-, afirman que esa tendencia seguirá siendo negativa.
De lo contrario “se atentaría contra los salarios de políticos y gobernantes”, hasta quienes llegan “jugosas comisiones” para que los estatutos se queden en la “congeladora” o sean inoperantes.
Eso mismo sucede con la Ley Federal del Trabajo, la cual los desarrolladores omiten sin que las autoridades intervengan.
En su artículo 143 asienta que el empleado “tendrá derecho a disfrutar una vivienda decorosa e higiénica”.
Asimismo, el artículo 137, capítulo Tercero establece que el “Fondo Nacional de la Vivienda tendrá por objeto crear sistemas de financiamiento que le permitan a los trabajadores obtener un crédito barato para adquirir en propiedad habitaciones cómodas e higiénicas”, aspecto que está en tela de juicio.
El artículo 97, capítulo Cuarto, estipula que “aquellos trabajadores a quienes se les haya otorgado un crédito para la adquisicio?n de viviendas financiadas por el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores se les descontará el uno por ciento del salario al que se refiere el artículo 143 esta ley”.
Y añade: “Estos descuentos deberán haber sido aceptados libremente por el trabajador y no podrán exceder el 20 por ciento de su sueldo”.   
En el caso de Reynosa, según los mismos afectados, se venden las casas de Infonavit más caras de la entidad y a menudo no se respetan dichos topes salariales. Es decir, a los afectados les inflan los pagos semanales por el concepto de su nueva casa.
Basta hacer un recorrido entre los fraccionamientos populares de la ciudad para darse cuenta que las constructoras dan “gato por liebre”.
Pese a que los materiales de construcción se han encarecido, comprobado está por los propios albañiles (El Constructor 11) que cada casa de seis plazas tiene un costo aproximado de 100 mil pesos, mismas que son despachadas hasta en siete veces su valor, violentando los estatutos de la propia Constitución.

Un cuento sin fin

Isabel Quiñones es otra de las amas de casa que reside apilada en el fraccionamiento Ampliación Integración Familiar, donde hizo válido su crédito del Infonavit. Los sueldos de ella y de su esposo, afirma, no le alcanzaron para otra mejor vivienda.
“La mera verdad no se acostumbra uno, estamos muy apretaditos. En los primeros días era un trauma ver las paredes tan cerca de mí, como si estuviera en una caja, pero ¿pa´dónde se hace uno?
“No puedo comprar un comedor porque éste quedaría frente al baño ¿cómo lo voy a colocar ahí? Ni siquiera tengo el espacio, porque o pongo el comedor o pongo la minisala”, sopesó.
Para colmo de males una misma pared separa su domicilio con el del vecino.
“Al estar martillando los problemas se agudizan, pues se me caen los cuadros de mi casa; si está guisando chile uno se está ahogando, te lo juro.
“A las cinco de la mañana escucho cuando el señor se levanta a hacer pipi y le baja al excusado. Cuando pone el estéreo ya valiste queso…”, relató con desparpajo.
Entrevistada en el Centro de Readaptación Social de Reynosa, donde labora, esta mujer de bronceada piel consideró que vergonzosamente una celda es más amplia que su recámara.
“Yo creo que mide unos cinco por seis metros y tiene cuatro camas individuales, un baño super grande y hasta cocineta, nada que ver con el Infonavit.
“Pero en el cuarto donde duermo nomás cabe una cama y se acabó, ahí no puedes meter nada ni un closet siquiera. Todo pequeño porque luego uno no se puede acomodar, si de por sí siento que ni quepo”, explicó Isabel.
Y es que para esta madre de familia los desarrollos inmobiliarios al alcance de la clase asalariada no son más que un atropello.
Arguye que para mitigar esa impresión claustrofóbica que caracteriza a su casa, permanece la mayor parte del tiempo fuera de ella, en su empleo.
“Yo creo que ya se fueron por la borda todos esos sueños que a uno le nacen por vivir decorosamente. Con los tamaños de estas viviendas es como si volviéramos a los tiempos antiguos, cuando todo era muy rudimentario.
“El tinaco Rotoplas que me regalaron en campaña lo tuve que poner en la esquina de la sala, porque si lo pongo en medio capaz que se me cae encima”, añadió.
Por si fuera poco la casa de Isabel no tiene contrato de agua y como por arte de magia recibe el vital líquido.
“¿Cómo le hicieron? Quien sabe porque nos la dieron así, con agua y sin medidor. Se supone que las constructoras tienen que entregarlas con todos los servicios. Aparte, en mi colonia hay muchas casas que a tres años de uso ya están cuarteadas. Nosotros como trabajadores hacemos el sacrificio de tener un lugar propio para no andar pagando renta y no nos lo están regalando.
“No sé hasta donde las autoridades estén coludidas, pero sí pienso que deberían poner más énfasis en hacernos buenas viviendas, pues así no pueden considerarse hogares. La mía no tenía ni puertas.
“¿O vamos a trabajar toda la vida para pagar una casa a la que con el paso de los años se le va a invertir más por los pésimos materiales con que está construida?”, cuestionó la entrevistada.

Ríspido ambiente

Para Alfredo Hernández, vecino del fraccionamiento San Valentín, bien puede ser enfermizo habitar en un lugar tan reducido. En esto coincide con Isabel y doña Rosario.
“Todo se vuelve antihigiénico y no puede haber más de tres miembros de familia porque la convivencia se convierte en un caos”, apreció.
El espigado carpintero que utiliza junto con su hijo la pequeña sala de su casa para armar sus muebles, dijo no tener la menor idea del porqué el Infonavit aprueba urbanizaciones diminutas.
“Es claro que se están construyendo menos metros y no sé si sea para bajar el costo de la vivienda por parte del Infonavit o porque los constructores estén economizando para tener un mayor margen de utilidades.
“Lo que sí veo es que los cuartos están peor que una celda. Se siente demasiado hacinamiento por la pequeñez de las casas”, dijo.
Con la cinta métrica en mano, el propio Alfredo se sorprendió al notar que una de las habitaciones tiene 2 metros con 61 centímetros de largo.
Para darse otra idea de la escala, su hijo se recostó hacia lo ancho del cuarto y de pies a cabeza casi une ambas paredes.
En ese balance este hombre originario Tampico calificó como desfavorable y onerosa la cifra que se le descuenta semana tras semana.
“Se supone que estas viviendas cuestan 280 mil pesos, pero a 30 años casi le llegan al millón (más caras que en McAllen). Nosotros pagamos más de mil 800 pesos mensuales. ¡Es mucho dinero!”, reprochó.
En lo que va del año, el Infonavit ha otorgado 137 mil 95 créditos hipotecarios para sumar cuatro millones 633 mil 120 desde 1972 a la fecha.
Tamaulipas ocupa el primer lugar nacional en ese rubro, con el 46 por ciento de su meta anual estimada en 22 mil 260 casas habitación.
En 2007 se ejercieron 34 mil 616 créditos y en 2006 fueron 30 mi 57. Mientras la demanda de las casas crece, las dimensiones de las mismas disminuye.

“El ayuntamiento no puede interferir”

Al preguntarle al regidor Benito Sáenz Varela, de la Comisión de Asentamientos Humanos del Cabildo de Reynosa, porqué se permite la construcción de viviendas con escasos márgenes de alojamiento el funcionario explicó que “a final de cuentas es lo que permite la Ley del Infonavit”.
Argumentó que para el grupo municipal que integra la percepción es la misma:
“Son casas muy chicas, pero no podemos dejar de reconocer que esos parámetros están reglamentados por las autoridades federales.
“Lo que la presente administración está tratando de hacer es evitar que se construyan con un régimen de condominio (que son aún más minúsculas). Obviamente eso va muy relacionado con el costo de la casa. Hay gente que tampoco puede pagar un precio muy alto, el chiste es encontrar el equilibrio correcto”, señaló.
El también contador público y auditor por la Universidad Regiomontana (UR), agregó que en efecto, tiene conocimiento de la baja calidad con que han sido edificadas urbanizaciones enteras.
“No estamos de acuerdo en que se hagan este tipo de construcciones y estamos tratando de cuidar esos detalles, pero también no podemos dejar de reconocer que la gente es la que va y escoge su casa.
“Nosotros como Ayuntamiento no estamos facultados para regular las condiciones de vida en el interior de las viviendas, nuestra tarea sólo se limita a darle un valor agregado a los fraccionamientos, con lámparas ahorradoras, áreas verdes terminadas, contenedores para la basura y pavimentos”, explicó Sáenz Varela.
En ese sentido, el funcionario instó a que la ciudadanía en desacuerdo con las condiciones de su vivienda levante una queja ante la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco).
“También le recomiendo a las personas que buscan adquirir una casa que vayan con tiempo al fraccionamiento de su preferencia y evalúen los materiales que están aplicándose en los desarrollos.
“Lamentablemente en la actualidad el municipio no supervisa las construcciones sino el Infonavit. Quizás en un futuro empecemos a reglamentar eso para tener un mejor desarrollo urbano en nuestra cuidad”, expuso.
El regidor abundó que a un fraccionamiento se le da luz verde “tras pasar por el área de Desarrollo Urbano y reunir los requisitos que marca la ley, como los valores agregados que se convienen con los desarrolladores”.
El paso con el Cabildo dijo, es el último: “Es adquirir los terrenos y luego pedir el cambio del uso de suelo, ver si es factible brindar los servicios y desarrollar el proyecto.
“Posteriormente ese expediente se somete a revisión y se aprueba o desaprueba según sea el caso. Lo que pedimos para la gente como valor agregado lo hacemos desde que se hacen los primeros trámites”, detalló.
Por último, Sáenz Varela dijo que abrirá las puertas de su oficina a las ideas y sugerencias para mejorar la calidad de vida de los derechohabientes del Infonavit de Reynosa.
“Si nos llegan recomendaciones para mejorar esto…, con mucho gusto serán bienvenidas y se tomarán en cuenta para los subsecuentes desarrollos que sean sometidos a la votación del Cabildo”, garantizó.
Entretanto, se intentó entrevistar a Rogelio San Miguel, subdelegado del Infonavit en Reynosa; no obstante, los empleados de su oficina afirmaron -con cierto hermetismo-, que “está ausente por cuestiones familiares”.
Hasta el cierre de este reportaje los teléfonos de su oficina y la extensión personal no fueron contestados, como muestra una grabación.

 

No hay orden

Para David Mendoza Arellano, diputado de la fracción parlamentaria del PRD en el Congreso de la Unión y quien integra la Comisión de Vivienda, las mezquinas políticas de cimentación de casas de interés social se dan porque no existen mecanismos que las combata.
Por tal razón, dijo, “deben homologarse las disposiciones de construcción federales con las locales, porque el problema radica en que los municipios y los estados limitan a través de sus leyes los procedimientos de construcción.
“Tendríamos que hacer un estudio muy meticuloso para tener un solo criterio y buscar esa coordinación con los municipios. Sabemos que el hacinamiento trae consecuencias graves, no solamente en la calidad de vida sino que con el tiempo genera problemas secundarios, como la delincuencia y desintegración familiar”, evaluó.
Vía telefónica, Mendoza Arellano agregó que se requiere el acuerdo de las diferentes fracciones parlamentarias para aterrizar una propuesta que mejore las condiciones de vida de los derechohabientes del Infonavit.
“Inicialmente deberíamos llamar a un diálogo en los municipios y Estados donde se está generando tal conflicto que es un problema generalizado y, por otro lado, hacer un compromiso prácticamente del PRD, PRI y PAN para que conjuntamente pudiéramos avanzar en esta reforma a la Ley Federal de Vivienda”, dijo.
Referente a la reglamentación de las dimensiones de las casas, el legislador perredista explicó que el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores no tiene injerencia.
“El Infonavit no influye en el proceso de construcción, diseño ni mucho menos en la calidad de los materiales sino que solamente se dedica a fondear créditos.
“Por eso es muy importante que las legislaciones locales y la Cámara federal pudieran participar para reforzar la ley federal y además generar reglas distintas, porque no hay que olvidar que quien pone el reglamento de construcción en cada Estado y municipio es el titular del Ejecutivo”, esclareció Mendoza Arellano.
En esa balanza, quienes resultan más favorecidos son los constructores cuyas obras dan cuenta que sirven a intereses particulares y no comunitarios.
“La mayor parte del presupuesto del Infonavit se va para fondear los llamados subsidios, entonces ese dinero se ocupa para saldar las viviendas que ya construyeron los desarrolladores inmobiliarios.
“Desde luego tenemos que buscar la manera que éstos cumplan con su labor social y no solamente vean el asunto de la vivienda como un negocio.
“Coincido que en México dichas casas son es caras, en muchos de los casos pequeñas y de mala calidad; están pensadas no en función de un verdadero compromiso con la gente que necesita un espacio donde vivir sino que más bien son consideradas como un negocio”, sopesó el diputado.
Por último, Mendoza Arellano reiteró la necesidad de crear un foro nacional de vivienda que permita discutir tal asunto.
“Este tema es del mayor orden para todos los mexicanos. Ojalá que los medios de comunicación le den más difusión, porque la vivienda es donde se lleva a cabo la vida de los mexicanos y no puede verse tan reducida como sucede en muchas partes del país”, remató.

 

 

 

Sobresale Tamaulipas

  • En lo que va del año, el Infonavit ha otorgado 137 mil 95 créditos hipotecarios para sumar cuatro millones 633 mil 120 desde 1972 a la fecha.
  • Tamaulipas ocupa el
    primer lugar nacional en ese rubro, con el 46 por ciento de su meta anual estimada en 22 mil 260 casas habitación.
  • En 2007 se ejercieron 34 mil 616 créditos y en 2006 fueron 30 mi 57.

 

 

 

Publicado: Año 3 / No. 30 / Junio 2008



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